Implicaciones Globales de la Aprobación del Acta de IA por el Parlamento Europeo

La Aprobación del Acta de IA Enciende Debates Sobre su Implementación e Implicaciones

El Acta de Inteligencia Artificial ha sido ratificada por el Parlamento Europeo, generando expectativas y preocupaciones sobre sus efectos en la regulación del reconocimiento facial y otras aplicaciones algorítmicas. Esta normativa, que aún espera una aprobación final, podría sentar precedentes internacionales.

 

Con una votación de 523 a favor, 46 en contra y 49 abstenciones, el Acta introduce restricciones específicas para la identificación biométrica remota por parte de las autoridades, exigiendo autorización judicial o administrativa para su uso en tiempo real y limitando su aplicación y duración. Asimismo, establece nuevas restricciones en la recolección de datos biométricos y en sistemas de inferencia como el reconocimiento de emociones o la vigilancia predictiva.

 

Aun se espera la revisión final del texto del Acta y la aprobación formal por parte del Consejo Europeo. Tras superar estos pasos y su publicación oficial, el Acta entrará en vigor 20 días después, implementando gradualmente diversas prohibiciones y obligaciones para sistemas considerados de alto riesgo durante tres años.

 

El grupo sectorial Digital Europe señala que solo un 3% de los unicornios de IA mundiales son europeos, y que la inversión privada en IA en Europa es significativamente menor en comparación con China y Estados Unidos. Cecilia Bonefeld-Dahl, Directora General de Digital Europe, ha expresado su preocupación por las cargas adicionales que el Acta de IA implicará para las empresas fuera de Europa, a pesar de la ventaja de contar con un conjunto unificado de normas.

 

Un artículo actualizado de Veridas resalta que el Acta pone énfasis en el consentimiento y el riesgo como conceptos clave para clasificar las aplicaciones de IA, señalando que la identificación biométrica no remota ha sido clasificada como de bajo riesgo.

 

Influencia Internacional

En paralelo, el Consejo de Europa trabaja en una Convención sobre Inteligencia Artificial, que aspira a establecer el primer conjunto de normas legalmente vinculantes para la IA aplicables fuera de Europa, sujeta a la firma y ratificación por gobiernos extranjeros. Sin embargo, existe preocupación por cómo la redacción de la convención pueda verse influenciada por países no europeos que priorizan los intereses comerciales de la IA sobre los derechos humanos.

 

La Convención está siendo negociada por los 46 estados miembros del Consejo, incluidos 27 de la UE, mientras que grupos de la sociedad civil y el sector privado quedan excluidos del proceso. Esto ha generado críticas sobre la capacidad de influir en las negociaciones finales y proteger la visión europea de los derechos humanos, especialmente en lo que respecta a la regulación del sector privado y las excepciones permitidas a las empresas.

 

A pesar de que es poco probable que Estados Unidos ratifique la Convención pronto, existe un debate significativo sobre cómo deberían aplicarse estas normas, especialmente en lo que concierne a los derechos humanos.

 

Australia está considerando un proceso acelerado para aprobar tecnologías de IA que ya hayan sido autorizadas bajo esquemas regulatorios como el Acta de IA, lo que subraya la atención internacional hacia las políticas europeas en este ámbito.

Autor: Raul Machado

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